Un poco de Lean doméstico.

Me sigue resultando curioso como el despilfarro invade nuestras vidas sin que la gran mayoría de las veces seamos conscientes de ello. Como defensora del Lean convencida para mí representa una filosofía de vida por lo que no contemplo pretender aplicar Lean en el trabajo y al entrar por la puerta de casa quitarse el traje de “señor o señora Lean” para permitir que el caos vuelva a campar a sus anchas al calor del hogar. El Lean se practica desde casa y cuanto más lo haces más pasa a formar parte de tu más absoluta cotidianidad. Es precisamente el Lean doméstico o de estar por casa (en Osenseis lo llamamos Pop-Lean) el que más me gusta, por un lado por su capacidad de hacerte la vida más fácil y por otro por su abrumador efecto didáctico.  En el post de hoy me dispongo a hacer extensible una de las labores de Osenseis: popularizar el Lean doméstico con un ejemplo práctico y real.

Cuando descubrí el Lean decidí ir aplicando esta metodología a tantas tareas de mi día a día como fuera posible. Será porque adoro la cocina y paso en ella muchos ratos entre fogones, que decidí empezar por esta estancia de la casa. Reconozco que en un principio creí que tenía una cocina divina tal cual estaba, pero pronto descubrí que realmente había MUCHO que mejorar. Si bien no fue el principio de mi implementación Lean en la cocina, un día le tocó el turno al lavavajillas del cual os hablaré hoy. Tratándose de un lavavajillas de dimensiones considerables empecé revisando el consumo semanal. Ahí empezó la recogida de datos, un paso indispensable en cualquier proceso Lean que se precie.

En una libreta registré el número de veces al día que se ponía en funcionamiento a lo largo de un mes. Los resultados fueron, por lo menos para mí, sorprendentes. Entre unos y otros registramos 12 usos/semana, lo cual dejaba en evidencia que podíamos llegar a usarlo hasta 2 veces en el mismo día, algo muy curioso teniendo en cuenta las dimensiones del aparato que como ya comentaba precisamente pequeño no es! Siguiendo en la misma línea anoté el número de botellas de detergente para lavavajillas consumidos por mes, que fue de 2 unidades.

Después revisé en mi lista de la compra el número de unidades de líquido limpia-máquinas para lavavajillas consumido, que resultó ser de 1 unidad  al mes.  La mayoría de fabricantes recomienda usar este tipo de líquidos cada 3 meses, pero yo lo hacía mensualmente porque la ingente cantidad de grasa acumulada en el interior de la máquina por no haber retirado bien la suciedad de los platos antes de colocarlos hacía que sin usar este líquido mensualmente el lavado no era del todo correcto. Por último, revisé el proceso de colocación de los platos y demás apechusques en las distintas bandejas interiores de la máquina.

Os enseño una foto del aspecto del lavavajillas un día cualquiera de uso (reconozco que lo veo y a mí también me da grima…):

Con este panorama llegamos a una conclusión obvia: hacía falta un estándar de manejo del lavavajillas, ya que además de mal utilizado, estaba siendo infrautilizado. A grandes rasgos llamaba la atención lo siguiente:

  1. Los apechusques varios se colocaban en cualquiera de las bandejas, de forma que podíamos encontrar vasos en la bandeja de abajo pero también en la del medio. Del mismo modo espumaderas o espátulas no se colocaban junto a los cubiertos en la bandeja superior.
  2. Los utensilios contenían bastantes restos de suciedad que no se habían retirado adecuadamente bajo el grifo antes de ser colocados.
  3. Algunos utensilios se amontonaban y colapsaban las bandejas apenas permitiendo el acceso a otros cacharros, ya fuera por estar colocados de una forma poco ergonómica en las bandejas o bien por su excesivo tamaño.
  4. El lavavajillas tendía a llenarse de utensilios desde fuera hacia la parte interior (por comodidad o por vaguería), por lo que la parte más profunda contenía huecos que nunca quedaban llenos del todo por no ser del todo visibles al abrir la puerta del electrodoméstico.

Analizando esas anomalías elaboramos las directrices para el mejor aprovechamiento del lavavajillas en adelante, llevando a cabo estas sencillas medidas:

  1. Aclarar a conciencia los cacharros sucios eliminando residuos y seguir un orden a la hora de colocarlos en las bandejas:

– platos, ollas y tuppers: siempre en bandeja inferior

– bols, vasos y tazas: siempre en bandeja intermedia

– cubertería, cucharones y espátulas: siempre en bandeja superior

  1. Colocar los utensilios siempre ordenados, lo más cerca posible unos de otros y siempre desde dentro hacia el exterior (evitando así dejar huecos con un máximo aprovechamiento del espacio) y nunca montados unos encima de otros (quedando los cacharros limpios al acceder el agua y jabón a todos ellos).
  2. Poner el lavavajillas sólo si está lleno, aprovechando al máximo su capacidad.

En Lean siempre utilizamos indicadores preferiblemente numéricos que evidencian las mejoras conseguidas.  Os enseño mis indicadores y los resultados:

INDICADORES
 

antes de Lean

después de Lean

Nº usos del lavavajillas /mes

48

24

Nº botes detergente consumidos/mes

2

3/4 partes de 1 unidad

Nº botes de líquido limpia-máquinas consumidos/mes

1

Sobre el aspecto del lavaplatos os puedo decir que cambió sustancialmente. Nada que ver con la era pre-Lean:

El resultado del experimento permitió idear una forma organizada de trabajar usando la menor cantidad posible de recursos con un ahorro mensual evidente (sin contar también el menor consumo de litros de agua). Eso es precisamente el Lean: observa, analiza, idea, mide y trata de mejorarlo.

Consejo Lean: observa, analiza, idea, mide y trata de mejorarlo.
Dra. Marta Jorge Vispo.

Médico Oftalmólogo – Especialista en metodología Lean.

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