El #Recetario de Marta: EL MAYOR DE TUS TESOROS.

 En el post de abril del recetario os dije que no hay nada peor que desperdiciar el talento de un profesional de tu equipo. Del mismo modo que no podemos permitirnos el gran lujo de desperdiciar el talento de nadie, lo que tampoco se puede hacer es desperdiciar nuestro más valioso tesoro: el tiempo. ¿Te has parado a pensar en alguna ocasión qué harías sin él? Seguro que sí. Todos y cada uno de los tipos de desperdicio que están descritos dentro de la metodología Lean suponen implícitamente un claro despilfarro de tiempo: si vuelvo a hacer un trabajo pierdo tiempo, si me muevo demasiado pierdo tiempo, si espero pierdo tiempo, si me interrumpen pierdo tiempo… De los 86400 segundos de un día además de dedicarle unos cuantos de ellos al descanso, de nosotros depende invertir el resto en algo productivo. Lo sé, me he convertido en una maniática del aprovechamiento, y está claro que es uno de los peajes que he tenido que pagar debido al Lean. Y lo hago encantada. Además de despilfarrar mucho menos tiempo en mi día a día, el que he ganado lo he invertido en dedicarle mayor tiempo a mi familia, en conocimiento y – por qué no decirlo y esta es una de las grandes ventajas- en autoconocimiento. Ojo, que conste que no lo he logrado en cuatro días pero hoy puedo decir que atrás quedó la reactividad que había arrastrado durante años. Quería conseguir cosas, me enfadaba de mala manera al no lograrlas, pero claro, mis resultados siempre eran igual de pésimos porque nunca hacía nada diferente. Y menudo disgustazo oiga....

El #Recetario de Marta: DESPERDICIANDO EL TALENTO.

En unos días estaré en las Jornadas Anuales de Celadores en Almansa hablando de Lean. Mientras preparaba mi presentación, reflexionaba sobre el escaso margen de maniobra que tenemos a veces dentro del lugar de trabajo para poner en práctica todo lo que el Lean podría llegar a aportarnos, a la vez que pensaba en cuánto podemos llegar a desaprovechar nuestro talento y el de los demás. Además de los 7 tipos de desperdicio reconocidos dentro del Lean existe uno más, que no aparece en todos los libros que hablan de la metodología, pues para algunos sigue sin estar reconocido como un tipo más. En este post hoy me posiciono como adepta y defensora de la existencia de ese otro desperdicio real además de ciertamente lamentable: el desperdicio del talento de un profesional. No sé cuánt@s de vosotros habéis trabajado con profesionales que ocupaban un cargo inferior a su categoría profesional real. Desgraciadamente yo he conocido a varios, que para colmo tenían una nómina correspondiente a la categoría profesional superior. Más allá del coste absurdo que supone a la empresa pagar un sueldo por encima de lo que se supone te correspondería, no hay como tener a un profesional haciendo un trabajo de una categoría inferior que por encima de todo es lo menos motivador que uno puede llegar a imaginarse. Por otro lado, en Lean se insiste en la importancia de la polivalencia de los trabajadores, y el motivo no es otro que el de poder trabajar en un sistema flexible, capaz de hacer frente a las necesidades que marca la demanda, la NUEVA demanda. Es una realidad más...

El #Recetario de Marta: DESPERDICIO PERPETUO, ¿TIENE SOLUCIÓN?

Si analizamos lo que ocurre en una empresa resulta que sólo alrededor de un 5% de las tareas que hacemos aportan valor. La primera vez que lo leí me reí, pero cuando fui consciente de la magnitud de la tragedia, quise llorar. Resulta que del resto de tareas un 30% no aportan valor pero las necesitamos (en salud un claro ejemplo sería la burocracia y papeleos mil que necesariamente nos dicen estamos obligados a realizar) y por último un 65% no aportan valor alguno. O sea, que perdemos el tiempo de mala manera y estamos absolutamente rodeados de desperdicio o waste. El Lean es un concepto podríamos decir holístico, que pretende optimizar lo que realmente aporta, eliminar lo que no lo hace y reducir al mínimo lo que se necesita pero no aporta valor.  Los números chirrían y ponerse manos a la obra es algo necesario a estas alturas. Al hilo de lo que aporta y no aporta valor y haciendo un ejercicio de autocrítica dentro de mi sector (algo totalmente recomendable si queremos mejorar) voy a contar una anécdota real como la vida misma que viví en una ocasión. Un día mientras estaba con una visita me quedé sin el documento de consentimiento informado que necesitaba entregar a un paciente para hacerle una prueba. Esto me obligó a descolgar el teléfono para solicitarlo al mostrador correspondiente, pero tras varios minutos nadie me respondió. Decidí levantarme e ir a buscar a una auxiliar que conocía donde podía encontrar lo que buscaba, y tras recorrer unos cuantos metros me dijo que la siguiera hasta un almacén donde estaba guardado el...

El #Recetario de Marta: ¿ENCONTRÉ MI IKIGAI?

Todos tenemos talento. Todos. A veces nos cuesta muy poco descubrir en qué porque está muy claro, está en nosotros y tenemos la suerte de que es a lo que nos dedicamos, pero otras muchas acabamos tardando toda una vida en dar con ello porque aún no se definió. De hecho, suele costar y esto en nuestro caso no sorprende pues estamos casi genéticamente programados para tomar decisiones IMPORTANTES desde muy jóvenes para las que nadie nos preparó, advirtió ni asesoró y – no nos engañemos- esto se suele pagar caro. Se trata de un precio vital en mi opinión muy elevado, y es que una decisión inadecuada en un momento temprano de la vida donde la experiencia no es suficiente tiene sus consecuencias. Recuerdo cuando de pequeña mi tía me preguntaba qué quería ser de mayor. Yo siempre respondía médico. Mi hermano, en cambio, pasó por varias etapas: bombero, jugador de fútbol…  hasta su etapa de astronauta. Yo siempre dije médico, y es a lo que – con mucho esfuerzo e inversión de vida me acabé dedicando -. Mi hermano terminó siendo ingeniero, que cosas, eso nunca lo dijo pero al final es lo que eligió.  Él siempre me dice que – a pesar de los problemas del día a día- le gusta lo que hace, y que en realidad sus estudios realmente fueron muy útiles para lo que hoy es su vida como ingeniero técnico. Yo he pensado muchas (pero MUCHAS) veces en ello, en lo que supuestamente llamamos vocación, en lo que estudié en la facultad y en su utilidad práctica. Creo que hay MUCHA información...

Hablando de inútiles…

Levantarse tarde, navegar sin rumbo por Internet sin salir de la cama, no hacer nada durante unas horas… son esos pequeños grandes triunfos que cuando se tiene  una cierta edad se valoran como lo más de lo más un sábado por la mañana. Y en esas estaba yo cuando tropecé con el artículo de Cristina Jolonch titulado ¿Cuántas cosas inútiles hay en tu cocina? Tras el inevitable pensamiento ¿cosas inútiles en mi cocina?, si yo te contara lo que hay en otros sitios… Pero como por algún sitio hay que empezar y todos tenemos cocina, pues venga: No sé si alguna vez han sentido el impulso de vaciar la cocina de cachivaches para quedarse sólo con lo que verdaderamente resulta útil. Si es así, seguramente habrán encontrado artilugios que ni siquiera recordaban que tenían o que no han llegado a estrenar. ¿Han pensado con qué se quedarían, si tuvieran que salvar tres o cuatro objetos? (…) ¿Cuántas veces pusieron en marcha aquel armatoste de la yogurtera? ¿Cuántas veces no usaron la licuadora para no tener que perder una hora limpiándola? ¿Cuántos sushis prepararon con la máquina de hacer rollitos? ¿Cuántos melones rebanaron con el aro corta-melones? ¿Cuántas veces hicieron palomitas con la máquina? ¿encendieron la fuente chocolates? ¿Cuántos espaguetis salieron de aquel metal dentado que les hizo sentirse italianos durante un verano y que un día apareció oxidada en algún armario? Gracias Cristina por hacernos recordar una entrada que publicábamos hace poco más de un año ¡Si Marie Kondo conociese las 5S! en la que nos resultaba inevitable pensar que sería de esta gurú si además de poner en práctica las dos primeras S:...