El #Recetario de Marta: DESPERDICIO PERPETUO, ¿TIENE SOLUCIÓN?

Si analizamos lo que ocurre en una empresa resulta que sólo alrededor de un 5% de las tareas que hacemos aportan valor. La primera vez que lo leí me reí, pero cuando fui consciente de la magnitud de la tragedia, quise llorar. Resulta que del resto de tareas un 30% no aportan valor pero las necesitamos (en salud un claro ejemplo sería la burocracia y papeleos mil que necesariamente nos dicen estamos obligados a realizar) y por último un 65% no aportan valor alguno. O sea, que perdemos el tiempo de mala manera y estamos absolutamente rodeados de desperdicio o waste. El Lean es un concepto podríamos decir holístico, que pretende optimizar lo que realmente aporta, eliminar lo que no lo hace y reducir al mínimo lo que se necesita pero no aporta valor.  Los números chirrían y ponerse manos a la obra es algo necesario a estas alturas. Al hilo de lo que aporta y no aporta valor y haciendo un ejercicio de autocrítica dentro de mi sector (algo totalmente recomendable si queremos mejorar) voy a contar una anécdota real como la vida misma que viví en una ocasión. Un día mientras estaba con una visita me quedé sin el documento de consentimiento informado que necesitaba entregar a un paciente para hacerle una prueba. Esto me obligó a descolgar el teléfono para solicitarlo al mostrador correspondiente, pero tras varios minutos nadie me respondió. Decidí levantarme e ir a buscar a una auxiliar que conocía donde podía encontrar lo que buscaba, y tras recorrer unos cuantos metros me dijo que la siguiera hasta un almacén donde estaba guardado el...

El #Recetario de Marta: ¿ENCONTRÉ MI IKIGAI?

Todos tenemos talento. Todos. A veces nos cuesta muy poco descubrir en qué porque está muy claro, está en nosotros y tenemos la suerte de que es a lo que nos dedicamos, pero otras muchas acabamos tardando toda una vida en dar con ello porque aún no se definió. De hecho, suele costar y esto en nuestro caso no sorprende pues estamos casi genéticamente programados para tomar decisiones IMPORTANTES desde muy jóvenes para las que nadie nos preparó, advirtió ni asesoró y – no nos engañemos- esto se suele pagar caro. Se trata de un precio vital en mi opinión muy elevado, y es que una decisión inadecuada en un momento temprano de la vida donde la experiencia no es suficiente tiene sus consecuencias. Recuerdo cuando de pequeña mi tía me preguntaba qué quería ser de mayor. Yo siempre respondía médico. Mi hermano, en cambio, pasó por varias etapas: bombero, jugador de fútbol…  hasta su etapa de astronauta. Yo siempre dije médico, y es a lo que – con mucho esfuerzo e inversión de vida me acabé dedicando -. Mi hermano terminó siendo ingeniero, que cosas, eso nunca lo dijo pero al final es lo que eligió.  Él siempre me dice que – a pesar de los problemas del día a día- le gusta lo que hace, y que en realidad sus estudios realmente fueron muy útiles para lo que hoy es su vida como ingeniero técnico. Yo he pensado muchas (pero MUCHAS) veces en ello, en lo que supuestamente llamamos vocación, en lo que estudié en la facultad y en su utilidad práctica. Creo que hay MUCHA información...

Hablando de inútiles…

Levantarse tarde, navegar sin rumbo por Internet sin salir de la cama, no hacer nada durante unas horas… son esos pequeños grandes triunfos que cuando se tiene  una cierta edad se valoran como lo más de lo más un sábado por la mañana. Y en esas estaba yo cuando tropecé con el artículo de Cristina Jolonch titulado ¿Cuántas cosas inútiles hay en tu cocina? Tras el inevitable pensamiento ¿cosas inútiles en mi cocina?, si yo te contara lo que hay en otros sitios… Pero como por algún sitio hay que empezar y todos tenemos cocina, pues venga: No sé si alguna vez han sentido el impulso de vaciar la cocina de cachivaches para quedarse sólo con lo que verdaderamente resulta útil. Si es así, seguramente habrán encontrado artilugios que ni siquiera recordaban que tenían o que no han llegado a estrenar. ¿Han pensado con qué se quedarían, si tuvieran que salvar tres o cuatro objetos? (…) ¿Cuántas veces pusieron en marcha aquel armatoste de la yogurtera? ¿Cuántas veces no usaron la licuadora para no tener que perder una hora limpiándola? ¿Cuántos sushis prepararon con la máquina de hacer rollitos? ¿Cuántos melones rebanaron con el aro corta-melones? ¿Cuántas veces hicieron palomitas con la máquina? ¿encendieron la fuente chocolates? ¿Cuántos espaguetis salieron de aquel metal dentado que les hizo sentirse italianos durante un verano y que un día apareció oxidada en algún armario? Gracias Cristina por hacernos recordar una entrada que publicábamos hace poco más de un año ¡Si Marie Kondo conociese las 5S! en la que nos resultaba inevitable pensar que sería de esta gurú si además de poner en práctica las dos primeras S:...

El #Recetario de Marta: el gemba está ahí fuera.

Una de las quejas que dentro del sector se oyen a menudo por parte de los profesionales de la salud es que pasan mucho tiempo con la burocracia. Mentiría como una bellaca si dijera que yo no comparto esa misma opinión, puesto que el papeleo constituye una gran parte de mi labor diaria. Infinidad de papeles y documentos a modo de peticiones cada vez más informatizadas de exploraciones complementarias, prescripciones facultativas que ahora ya sólo es posible realizar a ordenador y un muy largo etcétera. A día de hoy hasta para que te resuelvan un fallo informático que te surge en el momento y te impide continuar tienes que hacer una solicitud desde otro ordenador que funcione para que un informático se lo mire ‘cuando pueda’. Es el colmo de los despropósitos, pero vivimos en la era en la que debe quedar un registro y constancia de todo, hasta el punto de que a veces eso sea un enemigo del flujo y amigo de las tareas con interrupciones, de los retrabajos o sea del desperdicio puro y duro. En este punto no podemos dejar de hablar del desperdicio administrativo. Una vez que se completa la visita médica, muchos pacientes no son dados de alta porque requieren controles periódicos o bien se les solicitan pruebas que todos entendemos que son necesarias ( podríamos hablar un día al detalle de si de todo lo que se pide es realmente necesario, seguro que a más de uno le sorprenderían lo que encontramos pero esto ya da para otro post y de los largos). Pues volviendo al tema administrativo, un día de esos...

Parkinson. El nuevo enemigo de Lean.

Y no nos referimos a la enfermedad. A los enemigos que ya conocíamos de Lean (los de siempre, vamos): Muda -desperdicio-, Mura -irregularidad- y Muri -sobrecarga-, nosotros proponemos añadir las tres Leyes fundamentales de Parkinson enunciadas por el británico Cyril Northcote Parkinson en 1957 y que dicen lo siguiente: “El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización”. Traducido a Lean suena a algo así como “El trabajo se llena de actividades que no aportan valor añadido hasta completar el tiempo de que se dispone para su realización”. Que si lo vuelvo a imprimir en color, que si no me gusta como queda esta gráfica y la retoco catorce veces más, que si se lo envío a fulanito que no tiene nada que ver con el tema a ver qué opina. Lo que nuestro abuelo favorito, el de Antonio Fernández, seguramente diría que es “estar matándola”. “Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos”. Sería la versión económica del anterior: por un poco más, ya que estamos, no sea que luego no pueda, siempre he tenido el capricho, falta no me hace pero es una oportunidad tan buena… Al final nuestra economía asfixiada por cosas que muchas veces no nos aportan nada (o muy poco). “El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia”. Nuestra favorita, sin duda. Tal vez sea porque la sufrimos constantemente. Si tenemos en cuenta que desde una perspectiva Lean esta ley debería escribirse como: “El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es directamente proporcional a su importancia para el cliente o usuario final“....