Celebramos San Leandro con el Recetario de Marta.

Un año más celebramos San Leandro, el santo que desde Osenseis proponemos como patrón de Lean. Si los feos tienen un santo, San Drogón, los que tienen miedo a las avispas, San Friard y hasta internet, San Isidoro de Sevilla (no hemos fumado ni bebido nada raro, ¡os lo prometemos!. Todos estos santos “raros” los hemos leído en este enlace), los adictos a Lean defendemos el 27 de febrero como nuestro día. En esta ocasión hemos querido compartirlo con una persona muy especial para Osenseis, Marta Jorge, médico oftalmólogo y especialista en metodología Lean que cada mes nos regala desde su sección El recetario de Marta su sabiduría y conocimiento. ¡Qué disfrutéis!

Hace unos días en la consulta de camino a uno de los despachos al que acudo una gran cantidad de veces en el día pasé por delante de la sala de espera y – como tantos otros días- estaba a rebosar. Todavía no había decidido cuál sería el contenido de este mes en el Recetario pero en ese momento tuve claro que hoy el desperdicio iba a ser el protagonista, entendiendo como tal desde una óptica Lean a todo aquello que no aporta valor a un producto, en mi caso al paciente. En Lean existen 7 tipos de desperdicios muy conocidos y ampliamente descritos, e independientemente de cuál de ellos estemos hablando lo que está claro desde una perspectiva Lean es que debemos eliminarlos siempre que sea posible. Si miramos a nuestro alrededor estamos rodeados de desperdicio gran parte del día.  No hay más que echarle un vistazo a nuestra propia nevera, aunque a estas alturas estoy convencida de que habrá mejorado mucho siguiendo los fabulosos consejos que mensualmente podéis encontrar en la serie FrigoLean.

Pues volviendo al desperdicio ( o despilfarro), de los 7 tipos descritos en Lean suelo toparme a diario con 3 de ellos ( algunos días lidio con los 7, no os vayáis a pensar…) y de hecho son los que más habitualmente podemos encontrar en healthcare:  esperas, reprocesos y desperdicio por movimiento. Quizá el más conocido y el que no se puede ocultar por lo evidente es el desperdicio por esperas. En muchos centros de salud y/o hospitalarios la cantidad de pacientes que esperan religiosamente su turno en las salitas para ser atendidos es espectacular.  Se entiende que reducir la espera no es tarea fácil en ciertos ámbitos asistenciales, porque en muchos casos la llamada compra selectiva de servicios por comunidades obliga a resolver un volumen muy concreto de actos, como por ejemplo, los quirúrgicos. Aún en esos casos y a pesar de que los recursos como sabemos son limitados, desde una perspectiva Lean existe potencial de mejora – por cierto habitualmente amplio – en distintos procesos que nos facilitarían bastante las cosas tanto en el consultorio como en quirófano. Si extrapolásemos esto a los distintos servicios médico-quirúrgicos de todo un complejo hospitalario a medio plazo, podríamos conseguir importantes ventajas como la reducción de las esperas, una mejora de la satisfacción de los pacientes y secundariamente a todo ello un ahorro objetivable, que tal y como está el sector no nos vendría nada mal.

El otro desperdicio recurrente que padezco a diario junto con la mayoría de mis compañeros es el desperdicio por movimiento, entendiendo como tal al movimiento de los profesionales que no aporta valor alguno. Como comentaba al principio del post, acudo a ciertos despachos a lo largo del día con demasiada frecuencia y las razones son diversas aunque habitualmente recurrentes. Me suelo desplazar para consultar una prueba directamente en la máquina donde fue realizada o bien voy a buscar materiales que necesito para mi actividad y que no están en el despacho. Por todo ello,  a lo largo de una jornada me muevo unos cuantos metros por las instalaciones, asumiendo que este movimiento innecesario empeora – entre otras cosas- los tiempos de espera totales de los pacientes. Por un lado pierdo tiempo desplazándome aunque no es raro encontrar a otro profesional en el mismo despacho consultando la misma máquina en ese momento: la interrupción y la demora están aseguradas. Para evitar este tipo de situaciones existen unos visores que permiten consultar ciertas pruebas desde otro ordenador a distancia, si bien es cierto que por desgracia no siempre están disponibles ni existen todos los que serían necesarios.

 

He de decir que de los 3 tipos de desperdicios el que mayor frustración me produce son los reprocesos. Volver a realizar una actividad, por insignificante que padezca, se convierte en algo pesado que a veces puede llegar a rozar el tedio. Por ejemplo, y volviendo a las pruebas, cuando un profesional auxiliar realiza una, no es raro que no se registre en la plantilla correspondiente habilitada a tal efecto que la prueba fue hecha. Esto hace que al acudir el médico a dicha plantilla a verificar si las pruebas están hechas, puede constar que no lo están aparentemente, aunque en realidad sí se hicieron. En ese caso el paciente seguirá esperando a ser avisado y el profesional  seguirá esperando por un resultado que ya está disponible aunque aún no lo sabe… Es indudable que tener que ir a buscar al personal auxiliar para preguntar si una prueba está hecha es un tipo de verificación obviable y es un claro ejemplo de reproceso.

Si miramos a nuestro alrededor, en nuestro día a día encontraremos situaciones parecidas aplicables al contexto personal de cada uno. En realidad nos resultan episodios molestos y maldecimos con la boca pequeña y muy para adentro cada uno de ellos.  Pero en ocasiones, en muchas de ellas, estamos inmersos en una inercia tan longeva que aunque no la compartamos, nos cuesta romper. Confieso que me sentiré feliz – aún a riesgo de parecer cansina- si hasta los menos eruditos en Lean tienen presente que el desperdicio sobra y debemos esforzarnos en eliminarlo. Tan sólo si nos preocupáramos por empezar reduciendo un 25% del despilfarro que nos rodea para posteriormente ampliar esa limpieza, sin duda nuestra actividad y nuestra jornada serían mucho más cómodas, fluidas y agradables tanto para nosotros mismos como para quienes nos rodean. Nadie dice que sea fácil, y hay desperdicios que quizá nos cueste años eliminar. Es cuestión de tiempo, también de actitud y sobretodo de mucho trabajo de equipo pues de nada sirve esforzarse en seguir una hoja de ruta que nos facilite el quehacer diario si el que viene detrás se la salta. En healthcare, las reuniones de carácter científico son necesarias para establecer consenso en nuestras actuaciones médico-quirúrgicas. Sin embargo, hacen falta más reuniones colectivas con TODO el equipo para mejorar los circuitos en el consultorio o en el área quirúrgica, trabajando conjuntamente también TODOS los profesionales implicados. Ese es el único camino para vencerle la batalla al despilfarro.

Así que termino el post incidiendo en que no debemos olvidar todos en adelante esta prescripción: 1 comprimido anti-inercia al día indefinidamente.

La Receta de hoy:

Un comprimido anti-inercia al día indefinidamente.

Dra. Marta Jorge Vispo.

Médico Oftalmólogo – Especialista en metodología Lean.

Si te gustan nuestros contenidos, no olvides suscribirte a nuestro RSS Feed diario y/o a nuestra newsletter mensual.

Aplicaciones atípicas de la Thermomix.
Cuando los procesos piden Lean.