El #Recetario de Marta: HAPPY LEAN.

Empieza un 2018 cargado de ilusión, energía y ganas de seguir aprendiendo de las enseñanzas que el Lean nos regala. El año pasado terminaba algunos de mis posts del Recetario recomendando que además de ser Lean fuerais felices. Todos hemos podido sentir en alguna ocasión felicidad por algo y es indudable que aumenta nuestra autoestima, nuestra sensación de bienestar además de aumentar nuestro grado de implicación e interés en nuevas tareas, proyectos y retos.

Hay estudios que han llegado a la conclusión de que un trabajador feliz es un trabajador más productivo. Francamente no podría estar más de acuerdo. Probablemente todos hemos sufrido esa infelicidad laboral en alguna ocasión, pero como buenos leanólogos nuestra obligación es ser analíticos además de buscar causas y soluciones realistas –además de factibles- ante una carencia de tal magnitud.

Dicho esto,  quisiera analizar en qué medida la infelicidad nos puede llegar a hacer más improductivos, y si esto sirve para que desde alguna empresa algún responsable piense en ello me daré por satisfecha. A pesar de que no sean todos los que están ni estén todos los que son, en mi análisis pormenorizado del asunto quisiera hacer hincapié en lo siguiente:

  1. El problema empieza muchas veces por el entorno. Como sabemos a veces puede llegar ser un tanto hostil. A veces se trata de un compañer@ que estamos convencidos nos hace la vida imposible. A veces algo más simple como la falta de orden o de un espacio diáfano con el material necesario a mano también puede generarnos insatisfacción y frustración a la hora de realizar nuestra labor.  Aún en el peor de esos casos nuestra actitud en positivo será completamente determinante.
  1. No quiero olvidarme de los factores fisiológicos, de crucial importancia para nuestra felicidad. En este grupo incluimos tanto el ir al baño como tomar un snack o un poco de agua durante la jornada. Entiendo que habrá quien considere  esto un tanto exagerado, pero seguro que much@s sabéis de lo que hablo. Y es que cuando llegas a casa con la vejiga a punto de explotar sin haber ir ido al aseo ni ingerido comida o agua en toda una jornada de 7-8 horas tu mal humor es absoluto. Ahí es cuando tu familiar/amigo más cercano (sin carecer por cierto de un ápice de razón) te dice que no puede ser y que debes encontrar tiempo para algo tan esencial. Y también es ahí cuando respondes que si el sistema te facilitara estos aspectos efectivamente tan esenciales llegarías a tu casa más feliz. La realidad es que cuando la demanda supera la oferta y las colas o los sobrestocks (desperdicio) se acumulan y debes dar salida a la demanda sí o sí antes del turno siguiente, cumplir con tal actividad termina en afectar a la calidad de servicio, sea cual sea. “La faena ha de salir, espabílate como quieras” – oyes a veces. Francamente, me sigue y seguirá sorprendiendo nuestro grado de resiliencia en este punto.
  1. Otro aspecto inversamente proporcional a la felicidad es la rutina. El ser humano necesita objetivos, nuevas metas que despierten sus inquietudes por la labor que realizan. Si en estos tiempos de emprendimiento queremos trabajadores innovadores, tenemos que ayudarles intentando que su actividad sea motivadora. A veces hacer rotar a un trabajador un tiempo hace que vuelva a su puesto con más ilusión, más allá de la mochila de conocimiento y aprendizaje que también se lleva impactando positivamente en la empresa. Ni que decir tiene que cualquier trabajador feliz valora ser empoderado sin el asfixiante control y supervisión de su inmediato superior.
  1. Para terminar y no menos importante la motivación es absolutamente fundamental. Cuando no existe, la felicidad es utópica. Y en este punto las empresas que no tienen en cuenta la motivación de sus empleados deberían estar trabajando en ello. El trabajador desmotivado no rinde igual, se convierte en una ‘máquina’ más que produce dentro de su sector, siendo la hora de salida el pensamiento principal durante su jornada. El grado de concentración se reduce, las posibilidades de error aumentan y aunque tampoco debería sorprender, la productividad baja. Si alguien te pide compromiso firme con la empresa, no hay que olvidar que el compromiso debe ser recíproco. Y aquí ya no hablamos de que se incentive al trabajador en forma de cash (que oiga, de vez en cuando tampoco estaría mal). A veces un simple gesto como el reconocimiento a tu labor más allá de la exigencia y control  ilimitados te hace volver a casa más feliz.

Un empleado contento es un trabajador además  de más productivo, más motivado, más proactivo, más innovador y más implicado. Grandes ventajas por las que cualquier empresa debería hacer el esfuerzo de invertir y luchar. Si tenemos en cuenta que pasamos más de media vida trabajando no deberíamos renunciar a hacerlo felices.  Sed Lean y nunca dejéis de perseguir la felicidad.

Dra. Marta Jorge Vispo.

Médico Oftalmólogo – Especialista en metodología Lean.

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El #Recetario de Marta: La compra práctica.

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