El #Recetario de Marta: EL DÍA QUE ENCONTRÉ UN ESTÁNDAR.

Soy muy pero que muy fan de las tortitas o pancakes. En este post ya hablé un poco de ellas. La verdad es que estoy muy enganchada y las llevo haciendo desde hace años, sobretodo para mis desayunos del fin de semana. Desayuno algo diferente y saludable que me sienta fenomenal, salgo un poco de la rutina de mi desayuno habitual y me lo paso pipa preparándolas.

Cuando algunos de mis conocidos más cercanos han visto alguna foto de mis tortitas siempre me dicen lo mismo: “Uy eso da mucho trabajo… Yo prefiero comprarlas hechas o irme a una cafetería a que me las preparen…” No es que pretenda convencer a nadie de nada, pero el tema de las tortitas me va a volver a servir en esto del Lean para hablar un poco más de lo que se entiende por un estándar y quizá de que alguien se anime a buscar sus propios estándares. Dentro de la filosofía Lean hablar de un estándar significa tener un método reproducible para hacer una determinada tarea. No hay más. Ahora bien, a todos nos gustaría encontrar un estándar IDEAL que sería aquel que nos permitiría realizar esa tarea de la forma más eficiente posible. Es utópico a la par que absurdo pensar que cuando queremos estandarizar un método de trabajo vamos a lograr a la primera ese estándar IDEAL, sobretodo si ni siquiera tenemos un estándar inicial definido. Desgraciadamente muchas veces hacemos las cosas como nos parece, de forma bastante errática tanto en nuestra vida personal como a veces también en lo laboral. En ambos casos eso supone una pérdida de tiempo y recursos que – si nos dedicáramos a medir- nos deprimiría con toda probabilidad. Para poner remedio al asunto existe el estándar. Cualquier tarea cotidiana que podamos imaginar es estandarizable, desde cepillarnos los dientes a se me ocurre ir al parking a buscar el coche. La idea es encontrar una forma estándar inicial de hacerlo y a partir de ese “estándar cero” aplicar las mejoras oportunas para mejorar esa tarea y hacerlo de forma más eficiente. Si como hemos dicho hasta la saciedad la mejora es infinita, ¿os imagináis cuánto podemos llegar a mejorar una sola tarea?  No es tan difícil conseguir mejorar un estándar inicial y el hacerlo supone muchas ventajas. Lo más común, sin embargo, es ni siquiera tener un estándar inicial del que partir, algo que nos aboca a alejarnos de poder mejorar nada.

Pongamos un ejemplo práctico a colación de las famosas tortitas. Cuando me inicié en el mundillo de la repostería la cantidad de apechusques varios que tenía para ello llegó a suponer un problema. Había más material para cocinar pasteles que para preparar la comida de diario. Para preparar tortitas (como para la mayoría del resto de preparaciones) obviamente no tenía nada parecido a un estándar así que había mucho trabajo por hacer porque el día que me apetecían unos pancakes me plantaba en la cocina e iba haciendo sobre la marcha. Imaginad el caos que allí se podía llegar a montar:

  • Calculaba los ingredientes a ojímetro intentando recordar la receta de memoria
  • Los ingredientes los iba a buscar al armario cada según me acordaba de ellos
  • Trituraba los ingredientes por tramos, primero los más grandes y luego paraba la picadora e iba añadiendo más
  • No estaba pendiente de la sartén y calculaba los tiempos de cocción a ojímetro también, guiándome por el olor que desprendía la sartén

Con ese desaguisado ocurrían (y no precisamente de vez en cuando) situaciones como estas:

  • A veces empezaba a mezclar ingredientes y resulta que me faltaba alguno y no podía ni terminar de preparar las tortitas porque podía tratarse de un ingrediente esencial
  • Cuando no me quedaba corta de leche me pasaba con las claras de huevo y a veces el ‘pastiche’ que obtenía era lo menos parecido a una tortita
  • Hacía tropecientos viajes a la despensa en busca de cada ingrediente por separado según mi memoria me orientaba
  • Como los tiempos de preparación eran a ojo más de una vez había llegado a churruscar tortitas que acababan en el cubo de la basura en lugar de en mi estómago.

Con tal panorama, cuando por fortuna el Lean llegó a mi vida (y en este caso a mi cocina) un buen día decidí que el proceso de elaboración de mis tortitas sí o sí necesitaba un estándar. Y ahí me puse manos a la obra. De esto calculo que hará unos 2 años. Para empezar decidí quedarme con lo esencial en mi cocina (el resto lo repartí entre algunas de mis amistades y todos tan contentos) y para las tortitas me quedé con una única herramienta, esta sartén cuatriplaza que ya os enseñé en el post que comentaba al principio:

De un caos inicial sin parangón no os podéis imaginar como ha progresado el que en su día pasó a ser mi “estándar cero” hasta hoy. Por supuesto que aún se puede mejorar más, pero por el momento y dado que tengo que pulir otros estándares, estoy bastante satisfecha con el resultado. Actualmente este es mi estándar:

  1. Siempre me aseguro que repongo los productos que voy a necesitar cuando los voy consumiendo, con lo que en mi despensa ya no faltan ingredientes antes de empezar.
  2. Tengo una chuleta plastificada a mano con las recetas de tortitas que más preparo habitualmente, donde están bien claros los ingredientes calculados para 4 tortitas que es el tamaño de mi sartén. Si somos varios en casa duplico o ajusto cantidades según necesidad:

  1. En un solo viaje voy a la despensa y traigo TODO lo que necesito a la vez.
  2. Trituro TODO a la vez en la picadora. Me di cuenta de que hacerlo a tandas no variaba en nada el sabor final de las tortitas y la máquina es capaz de trocear perfectamente TODO a la vez. El tiempo exacto que necesita mi picadora para un buen triturado es de 20 segundos a velocidad 6. (Nota: este tipo de detalle se consigue puliendo el estándar inicial).
  3. Mientras la picadora tritura, esos 20 segundos los utilizo para poner mi sartén al fuego y humedecerla con un poco de aceite en espray.
  4. Pasado ese tiempo sólo me queda verter la masa en los 4 huecos de mi sartén.
  5. Programo mi cronómetro 3 minutos por cada lado y están listas.

Así he conseguido unas tortitas espectaculares. He minimizado el desperdicio MUCHÍSIMO, no me sobra ni una gota de masa, aprovecho la totalidad de los ingredientes y no se me ha vuelto a quemar ni una sola tortita. Y no os hablo de la rapidez con la que las preparo y cómo me permite calcular y organizar mis tiempos. En casa me he convertido en la reina de la tortita y es que hay que ver como me salen…:

Este es un ejemplo de lo más cotidiano de cómo podemos llegar a mejorar una tarea ahorrando tiempo y recursos partiendo de un estándar. Con este post quiero animar a TODO el mundo a empezar a crear sus propios estándares en el día a día, ya sea en el trabajo o en la cotidianidad de sus casas. Un estándar es la única herramienta que posibilita avanzar y evita retroceder hacia la ineficiencia. Define tu estándar, púlelo y perfecciónalo. Así y sólo así avanzarás hacia la mejora continua. Y no olvides tener siempre esta receta a mano!

Receta Lean: Define tu estándar, púlelo y perfecciónalo.
Dra. Marta Jorge Vispo.

Médico Oftalmólogo – Especialista en metodología Lean.

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