No es momento para cuentos Lean… o sí, quién sabe.

No tenemos ninguna intención de contaros cuentos sobre Lean a estas alturas de la película 😊, pero hemos leído un cuento sobre la operación bikini…empresarial escrito por Gemma del Caño que nos ha encantado y que hemos querido compartir con todos vosotros. Y ya de paso aprender un poco sobre la historia de Lean. Según ella misma nos dice:

…tiene parte de leyenda y parte de realidad. Una historia que comienza en un lugar muy, muy lejano donde se dieron cuenta de que estar esbelto, que no sobre nada y que tengan controlado lo que consumen y lo que gastan, les hará vivir más y mejor: Japón.

Hace muchos, muchos años nació un niño llamado Shakichi en una pequeña ciudad llamada Nagoya (de pequeña nada, que es la cuarta más grande de Japón, pero es que queda mejor la historia). Vivió y creció como un japonés más, formándose como carpintero. Como buen emprendedor, creó una empresa de telas. Shakichi tenía una gran imaginación y, entre otros inventos, creó uno maravilloso: un dispositivo que detenía el telar cuando el hilo se rompía, además, avisaba al operario con una luz. Esto permitía que una sola persona pudiera controlar varias máquinas a la vez. Posteriormente lo denominaron Jidoka “automatización con un toque humano”.

En 1894 Shakichi tuvo un hijo, Kiichiro que trabajó con su padre dando un enfoque más técnico a la compañía, un tipo listo este Kiichiro. En 1929 viajó a Inglaterra a negociar la venta de la patente de una técnica que evitaba que algo pudiera hacerse de forma incorrectaPoka-Yoke. El mejor ejemplo de esto es el USB o la tarjeta de crédito, sólo hay una forma de hacerlo correctamente.

Hace muchos, muchos años nació un niño llamado Shakichi en una pequeña ciudad llamada Nagoya (de pequeña nada, que es la cuarta más grande de Japón, pero es que queda mejor la historia). Vivió y creció como un japonés más, formándose como carpintero. Como buen emprendedor, creó una empresa de telas. Shakichi tenía una gran imaginación y, entre otros inventos, creó uno maravilloso: un dispositivo que detenía el telar cuando el hilo se rompía, además, avisaba al operario con una luz. Esto permitía que una sola persona pudiera controlar varias máquinas a la vez. Posteriormente lo denominaron Jidoka “automatización con un toque humano”.

En 1894 Shakichi tuvo un hijo, Kiichiro que trabajó con su padre dando un enfoque más técnico a la compañía, un tipo listo este Kiichiro. En 1929 viajó a Inglaterra a negociar la venta de la patente de una técnica que evitaba que algo pudiera hacerse de forma incorrectaPoka-Yoke. El mejor ejemplo de esto es el USB o la tarjeta de crédito, sólo hay una forma de hacerlo correctamente.

Allí le pagaron 100.000 libras por el invento y con ese dinero inició un nuevo proyecto. Olvidé decirles que Shakichi se apellidaba Toyoda. ¿Imaginan ya cuál fue el nuevo proyecto de Kiichiro? “Toyota Motor Company”.

En aquella fábrica de telas de Shakichi, trabajaba un ingeniero llamado Taiichi Ohno. Durante la Segunda Guerra Mundial, Taiichi fue enviado a la fábrica de Kiichiro, que por aquella época fabricaba camiones para el ejército japonés.

No les tengo que contar cómo acabó Japón al terminar la Segunda Guerra Mundial. Kiichiro no se rendía, quería impulsar de nuevo la economía de su país pero lo tenía difícil. Los trabajadores estadounidenses eran 10 veces más competitivos que los japoneses. Así que envió a Taiichi a hacer una de las mejores cosas que saben hacer los japoneses: ver, copiar y mejorar.

Taiichi llegó a Estados Unidos dispuesto a aprender todo lo que pudiera. Se fijó en Taylor y Henry Ford, impulsores de la producción en masa. Las grandes empresas norteamericanas le enseñaron orgullosos el imperio que habían creado: todos los sistemas estaban automatizados, no había problemas de industrialización y todo crecía con rapidez.

Su disgusto fue tremendo: en Japón no disponían de los recursos, ni de la financiación, ni podían “derrochar” como lo hacían allí.

Volvía abatido, hundido, sin saber qué podía decirle a su jefe Kiichiro. Estaba a punto de hacerse el Harakiri cuando decidió tomar un último refresco altamente azucarado (ya que iba a morir, tampoco le importaba maltratar un poco más su cuerpo). Fue al supermercado y caminó cabizbajo hasta el estante de refrescos. Cuál fue su sorpresa cuando, al subir la mirada, vio que la estantería estaba vacía. No había terminado de llegar a ella cuando …

¿Ahora que esto se pone realmente interesante cortamos la historia?, pues si (que malos somos 😊). Si quieres saber cómo acabó Taiichi: ¿se hizo el harakiri?, ¿qué encontró en el estante de refrescos del supermercado?, ¿la receta de la Coca-Cola?, ¿el amor de su vida?, ¿un bote de pastillas Lean Thinking?, ¿una espada láser al más puro estilo Star Wars?… no te pierdas el final del cuento sobre la operación bikini…empresarial escrito por Gemma del Caño desde su blog Cartas desde el Imperio. ¡Un excelente repaso a la historia de Lean!, imprescindible en tu bibliografía.

Consejo Lean: Que nada sobre, que nada falte… hará que vivamos más y mejor. (Gemma del Caño)
Dra. Ing. Isabel Muñoz Machín

Lean, Logistica, Gestión Sanitaria y Dirección de Proyectos. CEO Osenseis.

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