Las dos caras del Lean #BL02

dos caras de la monedaEsto de las dos caras de Lean suena como si fuésemos a hablar del doctor Jekyll y el señor Hyde… como si Lean tuviese un lado oscuro, pues no. En este caso los dos lados son buenos, pero hay que conocerlos y usarlos de forma conjunta para que Lean tenga sentido.

Una de nuestras formas favoritas de explicar qué es Lean es utilizar el ejemplo de la moneda. Para Osenseis, Lean es como una moneda de dos caras:

Por un lado podemos describir Lean como una filosofía o cultura de gestión.

Lo que en el lenguaje coloquial diríamos “una forma de ir por la vida”. Los principios que hay detrás de esa cultura los resumía de forma magistral Taiichi Ohno en los años cincuenta: la mejora continua de los procesos a partir de la implicación de las personas. En nuestra entrada anterior dedicada al Botiq-Lean señalábamos que Shigeo Shingo, otro ingeniero japonés considerado un referente, decía que los cuatro propósitos de la mejora continua es hacer las cosas (en este orden de importancia): más fáciles, mejor, más rápidas y más baratas. Bajo estas premisas Lean puede ser definido como una cultura de mejora continua, basándose en mejoras sencillas, pequeñas e incrementales realizadas por las personas desde su propio puesto de trabajo.

En el otro lado tenemos la caja de herramientas Lean.

Todo un conjunto de técnicas a nuestra disposición para conseguir que nuestros procesos “luzcan estupendamente”: estandarización, gestión visual, 5S, A3, poka-yoke, hoshin kanri, spaguetti chart, shojinka, jidoka, SMED, VSM, TPM… Utilizando estas técnicas de forma aislada en algunos casos, o combinadas entre sí, en otros, podemos conseguir que nuestros procesos mejoren significativamente. Nosotros creemos firmemente que el 95% de los problemas de organización y gestión pueden solucionarse aplicando Lean, así que seguro que hay algo en esta caja de herramientas que nos pueda resultar de utilidad.

Pero como toda moneda, necesitamos de los dos lados para que sea auténtica y además necesitamos que tenga valor. Sí, lo siento, las monedas de plástico que usa mi hija para jugar al súper con sus amigas son muy chulas, se lo pasan genial, pero no tienen valor. En nuestro caso corremos el riesgo de que suceda algo parecido. Todo muy chulo, nos lo pasamos muy bien, nuestros procesos parece que han mejorado, pero lo que hacemos no tiene valor. El valor lo marca el usuario o cliente final, por lo que nuestra prioridad es identificar qué aporta valor realmente para él: ¿rapidez en la atención?, ¿información detallada?, ¿servicio postventa?, ¿confianza?, ¿seguridad?… y enfocarnos a que nuestro proceso se ajuste a sus requerimientos y expectativas. ¡Casi nada!

 

Consejo Lean: Las dos caras de la moneda Lean: una cultura y un conjunto de herramientas. Pero si no aporta valor al usuario final, la moneda no vale nada.
Dra. Ing. Isabel Muñoz Machín

Lean, Logistica, Gestión Sanitaria y Dirección de Proyectos. CEO Osenseis.

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