La importancia de lo que no se ve.

Ya en alguna ocasión desde el Recetario hemos hablado de la importancia de que los problemas salgan a la luz, siendo el mayor de todos ellos simplemente el creer que no se tiene ninguno. Habitualmente en las empresas los problemas visibles para los altos mandos son sólo la punta del iceberg, que representa un % muy pequeño del total. Lo que aflora realmente, ese iceberg, no es más que lo visible pero los problemas reales importantes se encuentran justo escondidos debajo: son la base del iceberg y eso es lo que por desgracia no vemos. Obviamente,  llegar a conocer justo lo que está debajo no es fácil y es que vivimos en una sociedad en la que mirar para otro algo cuando algo está fallando o taparlo sin más es lo más habitual. Esta situación se produce hasta en lo más cotidiano. Aún recuerdo cuando de niña mi hermano y yo habíamos hecho alguna trastada gorda y nos esmerábamos ( ahora lo pienso y me sorprendo de lo manitas vs manipuladores que podíamos llegar a ser …) para que cuando llegase mi padre a casa no notase lo más mínimo. Y es que esto en nuestra cultura es algo que se cultiva de pequeños por lo que una vez de adulto el cambio de chip no es sencillo. Recuerdo también que el trabajo estuvimos haciendo durante un tiempo un ejercicio de Team Building con un experto, en principio con el objetivo de poner los problemas sobre la mesa, limar asperezas y fortalecer nuestras relaciones como equipo. ¿Sabéis que ocurrió? Pues que donde supuestamente apenas había problemas empezaron a aflorar...

Un poco de Lean doméstico.

Me sigue resultando curioso como el despilfarro invade nuestras vidas sin que la gran mayoría de las veces seamos conscientes de ello. Como defensora del Lean convencida para mí representa una filosofía de vida por lo que no contemplo pretender aplicar Lean en el trabajo y al entrar por la puerta de casa quitarse el traje de “señor o señora Lean” para permitir que el caos vuelva a campar a sus anchas al calor del hogar. El Lean se practica desde casa y cuanto más lo haces más pasa a formar parte de tu más absoluta cotidianidad. Es precisamente el Lean doméstico o de estar por casa (en Osenseis lo llamamos Pop-Lean) el que más me gusta, por un lado por su capacidad de hacerte la vida más fácil y por otro por su abrumador efecto didáctico.  En el post de hoy me dispongo a hacer extensible una de las labores de Osenseis: popularizar el Lean doméstico con un ejemplo práctico y real. Cuando descubrí el Lean decidí ir aplicando esta metodología a tantas tareas de mi día a día como fuera posible. Será porque adoro la cocina y paso en ella muchos ratos entre fogones, que decidí empezar por esta estancia de la casa. Reconozco que en un principio creí que tenía una cocina divina tal cual estaba, pero pronto descubrí que realmente había MUCHO que mejorar. Si bien no fue el principio de mi implementación Lean en la cocina, un día le tocó el turno al lavavajillas del cual os hablaré hoy. Tratándose de un lavavajillas de dimensiones considerables empecé revisando el consumo semanal. Ahí empezó la...

Aplicaciones atípicas de la Thermomix.

Mi padre es de francés. No estudió inglés en su época porque no era el idioma que se estilaba entonces y ha maldecido no haberlo hecho cuando era un niño en infinidad de ocasiones. Realmente es una espina que tiene más que clavada, así que por puro amor propio más que por necesidad se apuntó a varias academias ya de adulto. Y el asunto terminó siendo una relación dual a veces de amor a veces de odio intenso hacia esa lengua… En este momento se encuentra de nuevo en fase de romance con la lengua inglesa y a pesar de la edad no quiere dejar sin resolver lo que él siente como un fracaso personal, cual una relación sentimental fallida. Pues bien, hace pocos días le llamó la atención un libro que yo leía titulado “Sanidad Lean” (que por cierto os recomiendo totalmente sobretodo si tenéis interés en el tema de Healthcare) y no pudo evitar comentar: “– ¿Qué es eso de Lean? ¿De qué va? ” Obviamente ahí ya empecé a tragar saliva, mientras recordaba este post en el que hace un año Isabel Muñoz, CEO de Osenseis, puso a prueba a los alumnos del Máster  Lean Manufacturing de la Escuela Lean de Renault al preguntarles cómo explicarían a su abuela qué es Lean. Así que ahí estaba yo con mi embolado, teniendo que explicar de qué va el Lean a mi propio padre al que le había dado por preguntar y – conociéndolo – no iba a conformarse con cualquier respuesta. Sin pestañear demasiado tuve que pensar con rapidez y buscar alguna analogía que me permitiese explicarle...

Celebramos San Leandro con el Recetario de Marta.

Un año más celebramos San Leandro, el santo que desde Osenseis proponemos como patrón de Lean. Si los feos tienen un santo, San Drogón, los que tienen miedo a las avispas, San Friard y hasta internet, San Isidoro de Sevilla (no hemos fumado ni bebido nada raro, ¡os lo prometemos!. Todos estos santos “raros” los hemos leído en este enlace), los adictos a Lean defendemos el 27 de febrero como nuestro día. En esta ocasión hemos querido compartirlo con una persona muy especial para Osenseis, Marta Jorge, médico oftalmólogo y especialista en metodología Lean que cada mes nos regala desde su sección El recetario de Marta su sabiduría y conocimiento. ¡Qué disfrutéis! Hace unos días en la consulta de camino a uno de los despachos al que acudo una gran cantidad de veces en el día pasé por delante de la sala de espera y – como tantos otros días- estaba a rebosar. Todavía no había decidido cuál sería el contenido de este mes en el Recetario pero en ese momento tuve claro que hoy el desperdicio iba a ser el protagonista, entendiendo como tal desde una óptica Lean a todo aquello que no aporta valor a un producto, en mi caso al paciente. En Lean existen 7 tipos de desperdicios muy conocidos y ampliamente descritos, e independientemente de cuál de ellos estemos hablando lo que está claro desde una perspectiva Lean es que debemos eliminarlos siempre que sea posible. Si miramos a nuestro alrededor estamos rodeados de desperdicio gran parte del día.  No hay más que echarle un vistazo a nuestra propia nevera, aunque a estas alturas estoy...