El #Recetario de Marta: por el buen camino.

Una de las lessons learned más trascendentes que aprendí en mi primer viaje Lean es que en cualquier proyecto lo más importante son las personas. Aunque parezca una obviedad, en muchas empresas todavía no se ha llegado a ese convencimiento esencial y es entonces cuando choca que algunos se sorprendan de cómo van las cosas y porqué muchos proyectos no sólo fracasan sino que se quedan a medio camino o ni llegan a comenzarse. Siendo Lean, debemos empezar siempre la casa por sus cimientos y en ellos – tal y como ya hablamos en su día de la casa de Toyota- se encuentran tanto el equipo  humano como la cultura de la empresa. Tras pasar por distintas empresas y comprobar que en la mayoría de ellas fallan los cimientos, la realidad común es la existencia de un desequilibrio en el reparto de ciertos egos que suele conducir a un futuro poco halagüeño. Y es que no se le puede pedir a una plantilla que dé lo mejor de sí, que identifique errores, que innove y aporte soluciones cuando la motivación y el empowerment simplemente, no existen o – si existían- se fueron. Identificadas estas carencias, en este punto tenemos dos caminos: Camino fácil: pensar que eres fantástico pero que desgraciadamente te has rodeado de una pandilla de negados que sólo te generan interminables cefaleas y un insomnio crónico al comprobar como tu cuenta de resultados anual se aguanta con pinzas. (CAMINO ERRÓNEO) Camino Lean: este camino obliga a ponerse la camiseta interior de autocrítica para que -tras convertirse en una segunda piel- no se pueda retirar jamás. A partir...

El #Recetario de Marta: el gemba está ahí fuera.

Una de las quejas que dentro del sector se oyen a menudo por parte de los profesionales de la salud es que pasan mucho tiempo con la burocracia. Mentiría como una bellaca si dijera que yo no comparto esa misma opinión, puesto que el papeleo constituye una gran parte de mi labor diaria. Infinidad de papeles y documentos a modo de peticiones cada vez más informatizadas de exploraciones complementarias, prescripciones facultativas que ahora ya sólo es posible realizar a ordenador y un muy largo etcétera. A día de hoy hasta para que te resuelvan un fallo informático que te surge en el momento y te impide continuar tienes que hacer una solicitud desde otro ordenador que funcione para que un informático se lo mire ‘cuando pueda’. Es el colmo de los despropósitos, pero vivimos en la era en la que debe quedar un registro y constancia de todo, hasta el punto de que a veces eso sea un enemigo del flujo y amigo de las tareas con interrupciones, de los retrabajos o sea del desperdicio puro y duro. En este punto no podemos dejar de hablar del desperdicio administrativo. Una vez que se completa la visita médica, muchos pacientes no son dados de alta porque requieren controles periódicos o bien se les solicitan pruebas que todos entendemos que son necesarias ( podríamos hablar un día al detalle de si de todo lo que se pide es realmente necesario, seguro que a más de uno le sorprenderían lo que encontramos pero esto ya da para otro post y de los largos). Pues volviendo al tema administrativo, un día de esos...

El #Recetario de Marta: Caer y levantarse.

Steve Jobs tenía por religión la calidad. Eso le permitió volar alto y llegar muy lejos. A pesar de ello, sus éxitos no fueron el resultado únicamente de su propia genialidad. Uno de los secretos de su éxito fue saber rodearse y tener en cuenta  las ideas de todo un equipo, en lugar de estar esperando la idea revolucionaria de una sola persona. De esto va el Lean, y de esto va la mejora continua. Ya hemos dicho en otros posts dentro de Osenseis que la mejora es inifinita, y creo que a estas alturas en las que el Lean nos va resultando más familiar pocos lo cuestionan. El espíritu Lean implica inexorablemente desplazarse hasta el sitio donde tienen lugar las actividades que aportan valor (eso que en Lean llamamos el gemba), y cual Sherlock Holmes lupa en mano dedicarnos ante todo a OBSERVAR. Cómo puedo saber qué está fallando si no observo? Os invito a hacer este sencillo ejercicio de observar y explorar con mucho detalle lo que ocurre pasa a vuestro alrededor unos minutos durante vuestra jornada. Si hacemos ese ejercicio tanto en nuestros respectivos lugares de trabajo, en una tienda, en nuestras propias casas, pronto nos daremos cuenta de que estamos rodeados de desperdicio y de que existe potencial de mejora más que amplio. Del mismo modo que la mejora es infinita me atrevería a decir que el talento también lo es, y es que nadie nace enseñado. Una de las claves de la metodología Lean es no temer al fracaso, asumir que forma parte de nuestro aprendizaje y- por encima de todo- aprender de él....

Ligeros de equipaje.

Mis vacaciones -como seguramente las de muchos de vosotros- han llegado a su fin y tras un par de meses vuelvo con un post en el Recetario. Os voy a confesar que cuando estoy de vacaciones no hago pellas de Lean, sino que el Lean se viene conmigo en mi maleta. Si tú eres de esas personas que prefieren acumular experiencias a acumular trastos y apechusques varios cuando viajas te diré que: El Lean será tu gran compañero de viaje allá donde vayas. Este post te interesa Para los que os estéis preguntando como conseguir que el Lean viaje en nuestra maleta, la clave es tan simple como preparar nuestra maleta prescindiendo de lo que no nos hace falta o dicho de otro modo eliminando el desperdicio. Vale, de entrada el asunto puede hasta resultar agobiante… ¿Pero que voy a eliminar de mi maleta si todo lo que he metido en ella me hace falta? Primer error y primer gran desengaño. No es cierto. Habitualmente hacemos las maletas ‘a lo grande’, “oiga que estoy de vacaciones y me tengo que llevar esto… también esto otro… y esto por si acaso, “po ya que ” estoy esto lo cojo también…” El primer consejo Lean a recordar es que debemos sustituir el famoso “po-ya-que” por el “pa-qué”. Y es que “pa qué” me voy a llevar el paraguas si me voy a la playita y las probabilidades de lluvia son remotas (aplíquese lo dicho a otros objetos basándonos en esa misma regla). Partiendo de lo que casi todos solemos llevar en la maleta cuando nos vamos de viaje de placer, un dilema no del todo infrecuente es: ¿me llevo la tableta...

La importancia de lo que no se ve.

Ya en alguna ocasión desde el Recetario hemos hablado de la importancia de que los problemas salgan a la luz, siendo el mayor de todos ellos simplemente el creer que no se tiene ninguno. Habitualmente en las empresas los problemas visibles para los altos mandos son sólo la punta del iceberg, que representa un % muy pequeño del total. Lo que aflora realmente, ese iceberg, no es más que lo visible pero los problemas reales importantes se encuentran justo escondidos debajo: son la base del iceberg y eso es lo que por desgracia no vemos. Obviamente,  llegar a conocer justo lo que está debajo no es fácil y es que vivimos en una sociedad en la que mirar para otro algo cuando algo está fallando o taparlo sin más es lo más habitual. Esta situación se produce hasta en lo más cotidiano. Aún recuerdo cuando de niña mi hermano y yo habíamos hecho alguna trastada gorda y nos esmerábamos ( ahora lo pienso y me sorprendo de lo manitas vs manipuladores que podíamos llegar a ser …) para que cuando llegase mi padre a casa no notase lo más mínimo. Y es que esto en nuestra cultura es algo que se cultiva de pequeños por lo que una vez de adulto el cambio de chip no es sencillo. Recuerdo también que el trabajo estuvimos haciendo durante un tiempo un ejercicio de Team Building con un experto, en principio con el objetivo de poner los problemas sobre la mesa, limar asperezas y fortalecer nuestras relaciones como equipo. ¿Sabéis que ocurrió? Pues que donde supuestamente apenas había problemas empezaron a aflorar...