El #Recetario de Marta: SOLTAR LASTRE.

Estamos ya en Diciembre y de nuevo con el comienzo del año vuelven los buenos propósitos y las buenas intenciones para el año siguiente. Francamente creo que es más importante hacer balance, ver si se cumplieron las expectativas que teníamos y sobretodo analizar las causas en caso de que no se hayan cumplido. Llevamos ya años recordando desde Osenseis la importancia de afrontar y sobretodo de hacer aflorar los ERRORES. Y es que son los fracasos los que nos hacen aprender y sobretodo PROGRESAR y MEJORAR. Si hago balance podría decir que en mi caso este NO ha sido un gran año, más allá de lo personal en lo laboral ha sido un año muy poco Lean y eso significa que ha habido mucho desperdicio, diría que demasiado. Pero si alguna cosa ha sido muy pobre es el salario emocional que he recibido. Mis esfuerzos por hacer bien mi trabajo no se han visto recompensados y esto debería ser siempre un motivo de reflexión y análisis. A lo largo de 2018 dos compañeros de distintos departamentos me hicieron un par de comentarios durante dos distendidas conversaciones diferentes que no sólo no he olvidado sino que siempre recordaré. El primero me dijo a raíz de una situación concreta que “aquí no se puede ser tan perfeccionista”. Reconozco que fue como una losa, además de una revelación. Y entré en bucle dándole vueltas a esa corta frase durante días y días. No se puede ser tan perfeccionista, resulta que era, que es, un inconveniente. Pues vaya. Tenemos un problema, y gordo. Resulta que te esfuerzas sin cesar en hacer bien tu...

El #Recetario de Marta: DESPERDICIO PERPETUO, ¿TIENE SOLUCIÓN?

Si analizamos lo que ocurre en una empresa resulta que sólo alrededor de un 5% de las tareas que hacemos aportan valor. La primera vez que lo leí me reí, pero cuando fui consciente de la magnitud de la tragedia, quise llorar. Resulta que del resto de tareas un 30% no aportan valor pero las necesitamos (en salud un claro ejemplo sería la burocracia y papeleos mil que necesariamente nos dicen estamos obligados a realizar) y por último un 65% no aportan valor alguno. O sea, que perdemos el tiempo de mala manera y estamos absolutamente rodeados de desperdicio o waste. El Lean es un concepto podríamos decir holístico, que pretende optimizar lo que realmente aporta, eliminar lo que no lo hace y reducir al mínimo lo que se necesita pero no aporta valor.  Los números chirrían y ponerse manos a la obra es algo necesario a estas alturas. Al hilo de lo que aporta y no aporta valor y haciendo un ejercicio de autocrítica dentro de mi sector (algo totalmente recomendable si queremos mejorar) voy a contar una anécdota real como la vida misma que viví en una ocasión. Un día mientras estaba con una visita me quedé sin el documento de consentimiento informado que necesitaba entregar a un paciente para hacerle una prueba. Esto me obligó a descolgar el teléfono para solicitarlo al mostrador correspondiente, pero tras varios minutos nadie me respondió. Decidí levantarme e ir a buscar a una auxiliar que conocía donde podía encontrar lo que buscaba, y tras recorrer unos cuantos metros me dijo que la siguiera hasta un almacén donde estaba guardado el...

El #Recetario de Marta: UTILIDADES OCULTAS DEL CAMBIO.

Una vez tuve un jefe que durante una reunión dijo que no tenía conciencia de ser una persona autoritaria en sus decisiones. Me resultó algo más que curioso en la medida en la que una valoración de tal calibre debe realizarla en todo caso el colectivo que trabaja contigo y nunca uno mismo, eso si estás dispuesto a mejorar o cambiar de actitud en caso de ser necesario. El mismo jefe resulta que tenía un modo de proceder muy particular: su despacho era el mejor, tenía menos visitas que nadie, si había una cirugía compleja no estaba para resolverla (en realidad era el que siempre se iba a casa antes), si un día se colapsaba el servicio de Urgencias raro era el día que echaba una mano (y mejor no sigo, aunque creedme si digo que podría). Much@s quizá consideren que eso es lo normal o incluso lo que debería ser pues para eso era el jefe. A esas personas me gustaría explicarles lo equivocadas que están en el post de hoy. Andamos muy escasos de líderes en las jefaturas para desgracia de todos. Yo siempre había pensado que un jefe era por definición además un líder, pero el paso del tiempo (y de poco tiempo, por cierto) me hizo abrir los ojos y ver cuánto me equivocaba. Con frecuencia en puestos de responsabilidad el jefe dice lo que hay que hacer mientras el personal acata órdenes. Habitualmente el jefe no predica con el ejemplo y cuando van mal dadas incrementa el nivel de exigencia al resto para cumplir con la cuenta de resultados exigida. Pues bien, un jefe líder...

El #Recetario de Marta: LAS TORTITAS MÁS LEAN.

Septiembre, vuelta a la carga. Cuando era pequeña deseaba ansiosamente que llegase la vuelta al cole. Los 3 meses de vacaciones se me hacían tan largos por aquel entonces que me aburría soberanamente haciendo punta a mis lápices y organizando una y otra vez mi plumier… Tenía dos plumieres por sistema: el de los rotuladores y lápices de colores y el que contenía el lápiz, goma de borrar, bolígrafo y una pequeña regla milimetrada, vaya, mis básicos. Si hubiese contado la cantidad de veces que llegué a usar el estuche con los colorines más allá de la asignatura de Pretecnología habría sido fácil darse cuenta de que mi plumier en particular y mi mochila atascada de libros en general era lo menos Lean que se puede uno imaginar. Y lo peor es que además de nada Lean tampoco cumplía en absoluto los estándares de una mochila ergonómica, y ante la duda no hay más que preguntar qué opina al respecto mi espalda a día de hoy. Volviendo a batallitas pasadas hoy voy a tirar de Lean a modo abuela cebolleta y por eso voy hablar de la historia de mi querida Pili. Ella pertenece, o mejor dicho pertenecía al colectivo de los que no entienden de Lean ni les preocupaba lo más mínimo. Pero eso ha cambiado y permitidme que se me llene el papo de orgullo cada vez lo pienso. Un día me envía un whatsapp porque – conocedora de mi pasión enfermiza por la cocina- me dice que tras haber sido considerada por su familia una simple quemapizzas quiere hacer unas tortitas o pancakes americanos. Emocionada me dice...

El #Recetario de Marta: ¿ENCONTRÉ MI IKIGAI?

Todos tenemos talento. Todos. A veces nos cuesta muy poco descubrir en qué porque está muy claro, está en nosotros y tenemos la suerte de que es a lo que nos dedicamos, pero otras muchas acabamos tardando toda una vida en dar con ello porque aún no se definió. De hecho, suele costar y esto en nuestro caso no sorprende pues estamos casi genéticamente programados para tomar decisiones IMPORTANTES desde muy jóvenes para las que nadie nos preparó, advirtió ni asesoró y – no nos engañemos- esto se suele pagar caro. Se trata de un precio vital en mi opinión muy elevado, y es que una decisión inadecuada en un momento temprano de la vida donde la experiencia no es suficiente tiene sus consecuencias. Recuerdo cuando de pequeña mi tía me preguntaba qué quería ser de mayor. Yo siempre respondía médico. Mi hermano, en cambio, pasó por varias etapas: bombero, jugador de fútbol…  hasta su etapa de astronauta. Yo siempre dije médico, y es a lo que – con mucho esfuerzo e inversión de vida me acabé dedicando -. Mi hermano terminó siendo ingeniero, que cosas, eso nunca lo dijo pero al final es lo que eligió.  Él siempre me dice que – a pesar de los problemas del día a día- le gusta lo que hace, y que en realidad sus estudios realmente fueron muy útiles para lo que hoy es su vida como ingeniero técnico. Yo he pensado muchas (pero MUCHAS) veces en ello, en lo que supuestamente llamamos vocación, en lo que estudié en la facultad y en su utilidad práctica. Creo que hay MUCHA información...