Las dos caras del Lean #BL02

Esto de las dos caras de Lean suena como si fuésemos a hablar del doctor Jekyll y el señor Hyde… como si Lean tuviese un lado oscuro, pues no. En este caso los dos lados son buenos, pero hay que conocerlos y usarlos de forma conjunta para que Lean tenga sentido. Una de nuestras formas favoritas de explicar qué es Lean es utilizar el ejemplo de la moneda. Para Osenseis, Lean es como una moneda de dos caras: Por un lado podemos describir Lean como una filosofía o cultura de gestión. Lo que en el lenguaje coloquial diríamos “una forma de ir por la vida”. Los principios que hay detrás de esa cultura los resumía de forma magistral Taiichi Ohno en los años cincuenta: la mejora continua de los procesos a partir de la implicación de las personas. En nuestra entrada anterior dedicada al Botiq-Lean señalábamos que Shigeo Shingo, otro ingeniero japonés considerado un referente, decía que los cuatro propósitos de la mejora continua es hacer las cosas (en este orden de importancia): más fáciles, mejor, más rápidas y más baratas. Bajo estas premisas Lean puede ser definido como una cultura de mejora continua, basándose en mejoras sencillas, pequeñas e incrementales realizadas por las personas desde su propio puesto de trabajo. En el otro lado tenemos la caja de herramientas Lean. Todo un conjunto de técnicas a nuestra disposición para conseguir que nuestros procesos “luzcan estupendamente”: estandarización, gestión visual, 5S, A3, poka-yoke, hoshin kanri, spaguetti chart, shojinka, jidoka, SMED, VSM, TPM… Utilizando estas técnicas de forma aislada en algunos casos, o combinadas entre sí, en otros, podemos conseguir que...