El #Recetario de Marta: Caer y levantarse.

Steve Jobs tenía por religión la calidad. Eso le permitió volar alto y llegar muy lejos. A pesar de ello, sus éxitos no fueron el resultado únicamente de su propia genialidad. Uno de los secretos de su éxito fue saber rodearse y tener en cuenta  las ideas de todo un equipo, en lugar de estar esperando la idea revolucionaria de una sola persona. De esto va el Lean, y de esto va la mejora continua. Ya hemos dicho en otros posts dentro de Osenseis que la mejora es inifinita, y creo que a estas alturas en las que el Lean nos va resultando más familiar pocos lo cuestionan. El espíritu Lean implica inexorablemente desplazarse hasta el sitio donde tienen lugar las actividades que aportan valor (eso que en Lean llamamos el gemba), y cual Sherlock Holmes lupa en mano dedicarnos ante todo a OBSERVAR. Cómo puedo saber qué está fallando si no observo? Os invito a hacer este sencillo ejercicio de observar y explorar con mucho detalle lo que ocurre pasa a vuestro alrededor unos minutos durante vuestra jornada. Si hacemos ese ejercicio tanto en nuestros respectivos lugares de trabajo, en una tienda, en nuestras propias casas, pronto nos daremos cuenta de que estamos rodeados de desperdicio y de que existe potencial de mejora más que amplio. Del mismo modo que la mejora es infinita me atrevería a decir que el talento también lo es, y es que nadie nace enseñado. Una de las claves de la metodología Lean es no temer al fracaso, asumir que forma parte de nuestro aprendizaje y- por encima de todo- aprender de él....